FOTO Por qué escribo

 

 ¿Por qué escribo? La primera respuesta que me viene a la cabeza es un tanto infantil: porque sí, porque me apetece, porque me hace feliz… porque me da la gana. Si ahondo más profundamente en la cuestión planteada me sale decir que lo necesito, que no puedo evitarlo, que me es imposible dejar de crear historias, que me llena inventar, me alegra, me completa, me satisface.

 Desde que tengo uso de razón he usado mi imaginación para formar infinitos relatos, personajes, escenarios, secuencias, narraciones… Nunca me decidí a plasmarlos en papel: los hacía solo para mí, para mi entretenimiento, para mis ratos vacíos, una forma de diversión. Si bien llegó el día en que mi cabeza tomó la determinación de sacarlos, como si una vocecita de un Dios, diablo, extraterrestre o simplemente la esquizofrenia me ordenara compartir mis obras.

 A razón de no estar en la Edad Media y ser un trovador, o disponer de un estudio cinematográfico y un productor solvente para crear una película, cogí papel y mecanografié una trilogía de 1400 páginas con la que me inicié en el mundo de la novela. Y abierta la Caja de Pandora me da a mí que va a ser imposible volver a cerrarla, ya que prosigo a cada mínimo instante libre del que dispongo, aporreando el teclado de mi ordenador extrayendo de mi materia gris cada una de las frases que mi loca mente decide engendrar.

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